De vuelta del último muestreo en Marruecos, he vuelto a correr, pero sin ansia, sólo por el gusto de trotar a mi ritmo. He dejado de lado la app de Runkeeper que, respecto a la antigua de Asics, me incluye rutinas propias de jóvenes tales como los intervalos y demás destinadas a aumentar la velocidad. Y no hay necesidad, la verdad. Me gusta correr, pero no me gusta tener la sensación de que no llego. Así que voy trotando poco a poco, y seguro que el cuerpo me lo agradecerá.
La campaña de junio en Marruecos ha sido la caña: tres sondeos exitosos de cuatro previstos. El de Bakrit, de 4 m de profundidad, está destinado a ser el corazón del Medio Atlas, ni muy alto ni muy bajo, ni muy occidental ni muy oriental; como dice el Goldilocks Principle, en la medida justa. Se trata de una cuenca más o menos cerrada de materiales permeables sobre una base volcánica que alberga un río con meandros que ha favorecido la sedimentación durante un largo período de tiempo. El sondeo de Inouzane es el más alto de Marruecos con presencia de cedro, espero. Los cedrales del Alto Atlas no quedan muy lejos del sondeo. En una vaguada sobre rocas plutónicas (creo recordar que básicas, aunque me recordaban a los granitos) se ha desarrollado una turbera que ya estudió Reille en su día. Tuvo que hacerse con la sonda rusa, ya que la percutora rebotaba en la turba y no conseguía cortarla. Se completaron cuatro metros y medio con la sonda rusa, y pudo hacerse un metro más con la percutora una vez que se alcanzó un nivel de arenas. Y hasta ahí! Total: 5,5 m. Mi esperanza con el sondeo de Bouiblane se convirtió en frustración. A veces pasa! me decían. Al parecer, todos los arrastres de la cuenca irían a parar a los depósitos. Estaba destinado a ser el sondeo más alto del Medio Atlas, pero finalmente no fue. El mayor éxito puede ser el de Aït Khalifa. Se extrajeron siete metros con la perforadora a percusión.
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