Mi padre era militar y facha, como debe ser. O eso pensaba él, el pobre!
He pensado tantas veces sobre él que apenas me sale ninguna idea coherente. Era un artista inacabado, con las ganas de empezar pero sin terminar de soltarse, el pobre! Era, en cambio, un magnífico técnico: un buen delineante, un proyectista pasable y, a veces, un correcto ejecutor. Le gustaban ciertas manualidades, como los pequeños proyectos de marquetería, o el maquetismo de barcos barrocos. Era un aprendiz de escultor y, como en la mayor parte de sus habilidades artísticas, libre de ningún apego a la lírica.
De él pude heredar cierto lenguaje cuartelero, escaso y poco imaginativo, pero distintivo. El lenguaje en los fachas identifica más que una pulserita con la bandera de España.
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